viernes 14 de diciembre de 2018 - Edición Nº1453
REPUBLIK | Noticias de la cosa pública » Opinión » 18 nov 2015

Correo de lector

Entre los que mantienen la esperanza y los que han perdido la dignidad

Por DALMACIO ALSINA (www.REPUBLIK.com.ar) - En estas horas de acoso mediático por intermedio de los grupos concentrados de poder que vaticinan un triunfo del candidato Mauricio Macri, muchos a sabiendas y conscientes de lo que ello significa para sus vidas futuras, conservan la esperanza de que el actual estado de cosas pueda revertirse antes del próximo 22 de noviembre; otros, afortunadamente los menos, han perdido su dignidad, especialmente nos referimos a los ex peronistas que prefieren un gobierno conservador y porteño con tal de no admitir el triunfo del Frente para la Victoria, más allá de las criticas que puedan hacerse al candidato Daniel Scioli.


Por DALMACIO ALSINA (www.REPUBLIK.com.ar) - En estas horas de acoso mediático por intermedio de los grupos concentrados de poder que vaticinan un triunfo del candidato Mauricio Macri, muchos a sabiendas y conscientes de lo que ello significa para sus vidas futuras, conservan la esperanza de que el actual estado de cosas pueda revertirse antes del próximo 22 de noviembre; otros, afortunadamente los menos, han perdido su dignidad, especialmente nos referimos a los ex peronistas que prefieren un gobierno conservador y porteño con tal de no admitir el triunfo del Frente para la Victoria, más allá de las criticas que puedan hacerse al candidato Daniel Scioli.

El basamento del candidato Scioli lo constituye el Partido Justicialista, brazo jurídico del movimiento nacional peronista.

¿Cómo ha actuado el peronismo desde su nacimiento revolucionario y popular en la histórica gesta del 17 de octubre de 1945? Siempre orgánicamente.

Cuando a partir del golpe de estado de 1955 (del que participaran abiertamente los que hoy integran la alianza Cambiemos) el peronismo se encontraba proscripto, este hubo de adoptar modos diversos de acción.

La amañada convención constituyente de 1957 se conformó sin la participación del movimiento nacional y popular, pero radicales, socialistas, conservadores participaron de esta parodia constitucional cuyo único objetivo era el “cambio” de la constitución democrática de 1949 y retrotraer y derogar los derechos sociales que ella instaurara.

Proscripto el peronismo, la orden de su jefe indiscutido, el general Juan Domingo Perón,  fue votar a un radical, el doctor Arturo Frondizi, quien acosado por los golpistas de siempre le impusieron anular las elecciones provinciales en las que resultara gananciosa la fórmula que integrara Andrés Framini. Esta traición le valió su propio derrocamiento y la asunción de facto de José María Guido.

Con una hipócrita convocatoria a elecciones en 1963 (manteniendo la proscripción del peronismo y la participación culposa de radicales, conservadores, socialistas, demócratas progresistas, etcétera), el general Perón dispuso no pactar con nadie y mandó a votar en blanco. En aquella histórica elección, el voto en blanco fue numéricamente superior a los votos que obtuviera el radical del pueblo, don Arturo Humberto Illía, quien asumiera un 12 de octubre de 1963 (el mismo cuyo canciller, Zabala Ortiz, impidiera al regreso de Perón a la Argentina).

Así las cosas, pasada la dictadura de Onganía, Levingston y Lanusse, la elección del 11 de marzo de 1973 se realizó con la proscripción directa y única de Juan Domingo Perón. En virtud de ello, desde Madrid se indicó que la fórmula la deberían integrar dos leales al general, Héctor José Campora y Vicente Solana Lima.

Se decía que uno era un “conservador independiente” y el otro “conservador popular”. ¿Que hizo el pueblo peronista? Sin dudar, se encolumnó con los candidatos del Partido Justicialista.

Producida la asunción de dicha fórmula el 25 de mayo de 1973 (pese, en rigor de verdad, a no haber alcanzado el 50 por ciento más uno de los votos válidos), resolvieron renunciar puesto que estando en la Argentina en ese entonces el general Perón correspondía darle la oportunidad de presentarse y obtener un plebiscitado triunfo electoral. En esa oportunidad, 23 de setiembre de 1973, el general llevó como compañera de fórmula a su esposa Isabel Martinez de Perón.

Muchos peronistas no comprendimos la inclusión de Isabel, pero aceptamos como siempre la verticalidad y votamos sin retaceos, como corresponde, orgánicamente, los candidatos del justicialismo.

Así ocurrió también en 1983.

En 1985 la ceguera, la falta de comprensión de algunos dirigentes y la escasa capacidad de maniobra le privó un triunfo al peronismo, dado que fue dividido en dos, la estructura orgánica, encabezada por Herminio Iglesias, y otra, con justificación en una “renovación” detrás de otro histórico, don Antonio Francisco Cafiero. La realidad es que el sector renovador no quiso por propia voluntad desplazar a Iglesias.

En 1987, las elecciones provinciales encontraron nuevamente unido al justicialismo, consagrando como gobernador a Cafiero. Luego se produjeron las elecciones de 1989 hasta llegar a 2003, en los que tres candidatos peronistas disputaron esas elecciones provinciales, Carlos Menem, Rodríguez Saá y Néstor Kirchner. Allí los peronistas tenían la posibilidad de elegir entre candidatos peronistas. Con su impronta, cada uno de ellos podía representar al conjunto del justicialismo.

En vísperas de una elección inédita, la del próximo 22 de noviembre, el peronismo, lleva un único candidato, Daniel Osvaldo Scioli, enfrentando un candidato no peronista, con una fórmula conservadora y auténticamente porteña: MacriMichetti; establecida por la más rancia aristocracia política y representación genuina de lo más retrógrado de la composición social.

Los guarismos de la primera vuelta (los cuales no fueron ni cerca aportados por las encuestadoras que deberán poner sus barbas en remojo o buscarse trabajos más honestos a partir del papelón del cual fueron sujetos activos), los medios de difusión se han encargado de dar anticipadamente por triunfador a Mauricio Macri.

Sin duda la pésima política comunicacional del gobierno nacional ha atentado contra el candidato del Frente para la Victoria y muchos adláteres allí enquistados no le han ido en zaga (la corte de alcahuetes y adulones que también rodearan al general), lo que ha llevado a muchos a perder la esperanza de la continuidad del proyecto nacional y popular mas revolucionario luego del de 1945/55.

Muchos, conscientes de tales renunciamientos, han comenzado y llevado a cabo jornadas de apoyo, el fin de semana pasado, llenando las plazas de toda la república en apoyo del candidato del FpV (para nada difundidos por los medios en manos de los grupos económicos incorporados al frente macrista) y los llamados “etiquetazos”, campañas de esclarecimientos, de persona a persona, de boca a boca, las intervenciones urbanas, etcétera, etcétera.

No sabemos si ello será suficiente. Pero sabemos de la dignidad del pueblo que apoya este proceso de inclusión, con sus más y con sus menos, con sus aciertos y errores, y también de aquellos conciudadanos que apoyan al candidato de Cambiemos. Pero también sabemos de aquellos que aún hoy, hipócritamente, se dicen “peronistas” y retacean su apoyo al candidato del justicialismo dando lugar a una derrota posible.

Esos, como bien decía el general, son “bosta de paloma”, “sepulcros blanqueados”, como dice la biblia.

La ecuación es simple. Un peronista no puede votar a un no peronista. La historia del movimiento así lo demuestra. A estos, si no los despeina el viento, los va a despeinar la historia. (18/11/2015)

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