lunes 12 de noviembre de 2018 - Edición Nº1421
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Matías Lobos despidió a su asesor político

Lo que deja la obsecuencia

Mauricio Macri se jactó pocos días antes de asumir la Presidencia de la República de contar con "el mejor equipo en cincuenta años", pero desde que asumió hasta hoy su mandato es la desmentida de ese alarde.


Por:
Ariel Corbat

Mauricio Macri se jactó pocos días antes de asumir la Presidencia de la República de contar con "el mejor equipo en cincuenta años", pero desde que asumió hasta hoy su mandato es la desmentida de ese alarde.

Casi tres años después, la intrascendencia de su equipo de gobierno queda en evidencia cuando el Presidente dice a los ciudadanos: "Tengo que estar tranquilo porque si me vuelvo loco les puedo hacer daño". Vale decir que está rodeado de un elenco de obsecuentes, que ni en la locura lo confrontarían, no muy distinto de los kachivaches del gobierno anterior; y hasta con uno, Lino Barañao, que viene heredado de Cristina Fernández.

La reacción cívica frente al proyecto totalitario del régimen K, que en su espiral corrupta dirigía el país a ser otra Venezuela, era también la conciencia social sobre la gravedad de la situación. Cambiemos fue la herramienta para impedir esa tragedia. Sin embargo, Mauricio Macri, votado en nombre del cambio,  asumió bailando, e incumpliendo promesas de campaña como "terminar con el curro de los derechos humanos" se negó a dar la frontal batalla cultural que ese cambio reclamaba, optando en cambio por el gradualismo en todos los órdenes.

Eludiendo ir por los temas de la realidad, el macrismo fue construyendo su propia ficción discursiva, que al igual que la kirchnerista se deshace en contradicciones.  Así, Guillermo Dietrich, negando ser un relator de la realidad ensaya su parte del relato diciendo: "Es un gobierno con convicción, y a veces eso puede generar sensación de soberbia". Pero otro ministro, Rogelio Frigerio, cajonea esas supuestas convicciones cuando afirma: "La situación difícil por la que atraviesa la Argentina exige que vayamos al equilibrio fiscal más rápido que lo que te teníamos pensado, y por consiguiente tuvimos que echar mano a los impuestos al comercio exterior, algo que no nos gusta, que hemos criticado siempre, que nos parece una pésima idea... ". O sea: el gobierno tiene la convicción de llevar adelante pésimas ideas.

Omite Frigerio decir que la situación coyuntural es grave porque en lo que lleva el mandato presidencial de Mauricio Macri, no se tomaron ninguna de las medidas de reducción del gasto público y reforma del Estado que los "liberalotes" reclamábamos para no tener que recurrir a lo que el mismo Frigerio califica de "pésima idea". No recuerdo otro caso en el que un funcionario diga que están resolviendo una crisis con herramientas a las que considera "una pésima idea".

La lealtad es un valor, la obsecuencia su caricatura grotesca. Por eso una de las características de la obsecuencia, como gran enemiga de la racionalidad, es proyectarse al ridículo. La obsecuencia es una forma de hacer el ridículo.

Cuando un Presidente forma un gabinete de obsecuentes, la racionalidad republicana se ve afectada y la obsecuencia se va decantando hacia abajo. Esos ministros no confrontan al Presidente, ni los funcionarios subalternos a los propios ministros. Y es así que, en un contexto de obsecuencia, se llega a situaciones bizarras como la que paso a relatar:

El 14 de Agosto, Horacio Jaunarena publicó en perfil una nota titulada: "Falta definir el alcance del apoyo de las Fuerzas Armadas a las de seguridad". La cual incluye este párrafo: "Probablemente la alternativa más conveniente resulte poner en funcionamiento una Superintendencia de Fronteras, en el ámbito de la 'Comisión Nacional de Fronteras' (Decreto 68/2017) de la Jefatura de Gabinete, desactivando la Subsecretaría de Vigilancia de Fronteras del Ministerio de Seguridad, hoy muy limitada en sus funciones y, por lo tanto, más testimonial que efectiva".

La nota fue leída por José Guevara,  asesor de la citada Subsecretaría de Fronteras, quien la publicó en su Facebook, con un comentario no falto de loas hacia la ministra:

Matías Lobos, Subsecretario de Control y Vigilancia de Fronteras del Ministerio de Seguridad de la Nación, lee en el muro de su  asesor la nota que pone de manifiesto falencias de diseño y gestión, lo cual dada su "idoneidad" en el cargo, no interpreta como ayuda para mejorar sino como exhibición de su nula trascendencia funcional.

Consciente de su ficticia utilidad, Lobos decide que algo debe hacer, y siendo que no puede desmentir la nota entonces despide al asesor. Porque los asesores están para halagar y deben compartir notas lindas, no notas críticas... Ahora, como Lobos es tan, pero tan, "idóneo", explicita por whastsapp al asesor que prescinde de sus servicios por haber compartido una nota crítica, en estos términos: 

"Que linda nota que compartís justo la nota que dice que estamos al pedo y no servimos para nada", "no sé qué querrá hacer Patricia, vos hoy dejaste de ser mi asesor" y finalizó con: "Un área que tiene un rol testimonial como dice la nota no necesita de un asesor testimonial".

Entendamos que un asesor puede ser despedido por la sola decisión de aquel al que asesora, por lo cual no hay en estas líneas reproche por el despido en sí, pero la razón esgrimida es altamente cuestionable y nos deja esta triste moraleja: Donde reina la obsecuencia conviene ser obsecuente, lo que digan los que saben mejor que no lo cuentes.

En esas manos los destinos del país y la seguridad de la Nación... (www.REPUBLIK.com.ar)

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